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Camino al zoo

  • Foto del escritor: Jesús Falcón
    Jesús Falcón
  • 13 feb
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 18 mar



Dos breves piezas de Edward Albee que forman parte de una misma historia pero tan diferentes en su estilo que provoca cierto desconcierto y la representación se resiente.






En la primera parte nos encontramos con un matrimonio desgastado, inmerso en la rutina, con signos de incomunicación, aunque parece que siguen queriéndose. En algunos momentos surge esa vitalidad ya perdida, los códigos de la convivencia que provoca alguna chispa, incluso sexual, pero la indiferencia estará más presente. El marido sale a dar una vuelta y entonces se inicia la segunda obra: se sienta en un banco del parque para leer con tranquilidad pero aparece un individuo que quiere darle conversación y, al final, tendrá que hacer caso a este paseante que viene del zoo... La situación se volverá extraña, inquietante.


La primera obra, "Homelife", la escribió Edward Albee en 2004, muchos años después que la segunda "Historia del zoo" en 1959. El estilo es muy diferente al corresponder a dos periodos artísticos del autor muy alejados: en "Homelife" contemplamos una obra de corte realista, con un diálogo que nos permite conocer un poco a ese matrimonio, y la segunda obra pertenece a su etapa inicial cercana al teatro del absurdo, con reminiscencias a Beckett. Por este motivo, la unión de estas dos obras, aunque se justifique argumentalmente, resulta desconcertante para el espectador. Además, el contraste es mayor al empezar con una obra que se sigue con facilidad y continuar con un inesperado argumento de carácter más abstracto, lo que provoca un distanciamiento con lo representado, una salida del teatro sin saber a dónde nos han llevado.


Conocía la obra "La historia del zoo" por una representación en el teatro Lara bajo la dirección de Juan Carlos Plaza, con Carlos Martínez-Abarca y Javier Ruiz de Alegría. Es curioso que entonces la interpretación fuera más ajustada pero la tensión de la obra golpeaba al espectador. Fernando Tejero, Ana Labordeta y Dani Muriel están excelentes en sus papeles y, a pesar de ello, la obra se contempla en su segunda parte con interés pero sin emoción, sin la asfixia que debería crear ese personaje solitario que no deja espacio, que no parece equilibrado pero que, en el fondo, manifiesta una necesidad de comunicación, una soledad que suplica, que grita hasta la extenuación por encontrar a alguien que le haga sentir que existe.



Interesante.




Autor: Edward Albee

Versión: Juan Carlos Rubio y Bernabé Rico

Dirección: Juan Carlos Rubio

Intérpretes: Fernando Tejero, Ana Labordeta, Dani Muriel

Iluminación: Nicolás Fischtel

Escenografía: Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer (estudio deDos)

Vestuario: Pier Paolo Álvaro

Producción: Talycual, Pentación, Lázaro y La Alegría

Teatro: Bellas Artes Del 12 de febrero al 16 de marzo de 2025

Duración: 80 minutos


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